Cómo leer la etiqueta de combustible de tu coche (y no equivocarte de surtidor)
Las etiquetas E5, E10, B7 o el rombo de gasóleo pueden generar dudas en el surtidor. Te explicamos qué significa cada una y cómo evitar errores costosos.
El autogas y el gas natural comprimido son más baratos por litro o kilo, pero no siempre salen a cuenta. Te explicamos cuándo tiene sentido el cambio.
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El GLP (gas licuado del petróleo, también llamado autogas) y el GNC (gas natural comprimido) son dos alternativas a la gasolina y el gasóleo cada vez más presentes en las gasolineras españolas. Ambos suelen costar bastante menos por litro o kilo que los combustibles tradicionales, y los vehículos que los usan reciben la etiqueta ECO de la DGT, con ventajas como acceso a zonas de bajas emisiones o descuentos en algunos aparcamientos.
Aquí está el matiz que mucha gente pasa por alto: el GLP y el GNC tienen menor contenido energético que la gasolina o el gasóleo, así que un vehículo adaptado consume más litros o kilos de gas para recorrer la misma distancia. Esto no anula el ahorro, pero sí lo reduce respecto a lo que parece a simple vista comparando solo el precio por litro en el cartel de la gasolinera. Para saber si realmente compensa, hay que comparar el coste por kilómetro recorrido, no el precio unitario.
El autogas y el gas natural comprimido suelen compensar sobre todo a quien hace muchos kilómetros al año: taxis, flotas comerciales, o particulares que usan el coche a diario para desplazamientos largos. Cuanto más kilometraje, más se diluye el sobrecoste inicial del vehículo o de la conversión, y más pesa el ahorro por kilómetro recorrido. Para un uso ocasional o urbano con poco kilometraje anual, en cambio, es más difícil que el ahorro llegue a compensar esa inversión inicial en un plazo razonable.
También conviene comprobar, antes de decidirte, que tu zona habitual tiene suficientes estaciones que ofrezcan GLP o GNC: al ser una red más reducida que la de gasolina y gasóleo, la disponibilidad real varía mucho según la provincia.
El GLP y el GNC pueden suponer un ahorro real, pero no es tan simple como mirar el precio por litro: hay que tener en cuenta el mayor consumo, la disponibilidad de estaciones en tu zona y el sobrecoste inicial del vehículo. Compensan claramente a quien hace mucho kilometraje; para un uso más esporádico, merece la pena hacer números con calma antes de decidirse.